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Mar112008

LOS HEROES DE LA GUERRA EN LAS VILLAS
Escambray: La Guerra Olvidada

Un Libro Historico De Los Combatientes Anticastristas En Cuba (1960-1966)

Enrique G. Encinosa

I

LOS HEROES DE LA GUERRA EN LAS VILLAS

Fue una guerra brutal y larga, de la cual muy poco se conoce o se ha escrito. En Cuba, desde principios de 1960, hasta finales de 1966, unos cuantos miles de campesinos humildes y mal armados se enfrentaron, en lucha desigual, al poderío militar del régimen de Fidel Castro. Sin suministros adecuados, acosados por bien armadas huestes enemigas, los guerrilleros fueron eventualmente derrotados pese a la furia y tenacidad con que combatieron.

Más de dos décadas han transcurrido desde la etapa de los alzamientos guerrilleros. Pese a que estos sucesos afectaron las vidas de cientos de miles de cubanos, muy poco se ha escrito o documentado públicamente sobre esta etapa. El régimen castrista ha publicado media docena de libros y producido un par de películas sobre el tema de los alzamientos, refiriéndose en forma tergiversada a los guerrilleros como simples bandidos. Aunque en algunos libros, particularmente los escritos por José Norberto Fuentes, se admite el valor de los alzados, la mayoría de estas ediciones han tenido circulación muy limitada dentro de Cuba. Obviamente, el régimen de Fidel Castro no ha tenido gran interés en demostrar que existió una fuerte oposición al comunismo entre los hombres más humildes de Cuba, los guajiros de los campos cubanos

En el exilio nada se había publicado hasta la fecha sobre el proceso guerrillero, que ocurrió de 1960 al 1966. Las dificultades en investigar y analizar este momento histórico, se han basado en las limitaciones impuestas por las circunstancias, el tiempo y el espacio. Primeramente, muy pocos líderes guerrilleros sobrevivieron a la brutal guerra. Miles de alzados murieron en combate o fueron fusilados. De los sobrevivientes, más de dos mil cumplieron -y algunos aún cumplenlargas condenas carlearais en las ergástulas del régimen. La disponebilidad de estos hombres para las entrevistas, ha sido limitada a los últimos años, en los cuales numerosos ex-presos politicos comenzaron a llegar a tierras del exilio. Una tercera circunstancia limitadora ha sido el hecho de que los alzados, siendo de procedencia humilde cuentan con un bajo nivel educacional, lo que hace muy escaso el número de memorias, cartas o ensayos escritos por los sobrevivientes para documentar un estudio serio sobre el proceso.

Pese a todas las dificultades, la etapa de los alzamientos guerrilleros merece ser estudiada profundamente. La guerra campesina abarcó las seis provincias de la Isla, siendo la campaña militar más grande llevada a cabo en Cuba desde el inicio de la República en 1902. Desde los tiempos de los mambises nunca se había combatido con tanta fiereza en suelo cubano.

El número de muertos en estos años de combate nunca se sabrá con certeza. El gobierno de Castro rara vez dió a la publicidad detalles sobre combates o ejecuciones. Los alzados, divididos en grupos, con malas comunicaciones entre sí, sólo sabían de las bajas ocurridas en zonas limitarlas. Mantener un censo de los caídos era imposible para los insurgentes. Los fusilamientos, especialmente en Las Villas, no fueron sólo de guerrilleros, también abarcaron a colaboradores, a contactos en líneas de suministros y a algunos infelices guajiros que se encontraban en el lugar equivocado cuando el ejército castrista patrullaba la zona.
Ni siquiera las fuentes de información del régimen están de acuerdo con el número de bajas sufridas por sus propias fuerzas. El escritor Juan Carlos Fernández, en su libro Todo es secreto hasta un día, publicado en Cuba en 1976, dá la cifra de doscientos noventa y cinco muertos en combate sufridos por operativos del FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) en las acciones contra los bandidos. Sin embargo en 1970, Raúl Castro. en discurso pronunciado en un acto conmemorativo del aparato represivo del MININT (Ministerio del Interior) hizo una alusión muy significativa a la lucha guerrillera de 1960 a 1966, declarando que en las seis provincias de Cuba llegaron a existir un total de ciento setenta y nueve bandas guerrilleras, compuestas por tres mil quinientos noventa y un alzados. Según lo expresado por R. Castro en su discurso, el costo de eliminar a estos grupos llegó a ser de casi ochocientos millones de pesos y causó la muerte, de casi quinientos hombres del FAR. Pero, esta. cifra de Raúl Castro ha sido contradicha. En el libro Nos impusieron la violencia (Cuba, 1986), el autor José Norberto Fuentes, detalla el costo de esta guerra en cerca de mil millones de pesos. Este mismo autor asegura en uno de sus tres libros (Cazabandídos) que las unidades especiales del LCB (Lucha Contra Bandidos) perdieron en combates en la provincia de Las Villas trescientos cinco cazadores. Como la cifra de Norberto Fuentes no toma en consideración los muertos del FAR ocurridos entre 1960 y 1962 en las dos Limpias (antes de la creación del LCB) ni las bajas ocurridas en las otras cinco provincias, es muy posible que el número de muertes incurridas por fuerzas del régimen haya sido mucho mayor al de la cifra expresada por Raúl Castro en su discurso de 1970.

Lo que sí sabemos, sin discusión, es que el proceso guerrillero de 1960 al 1966, costó las vidas de por lo menos tres mil cubanos de ambos lados de la contienda, causó el presidio de miles de otros, y afectó la vida de una nación entera.


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Mar112008

1ras CONSPIRACIONES
Escambray La Guerra Olvidada

Un Libro Historico De Los Combatientes Anticastristas En Cuba (1960-1966)

Enrique G. Encinosa

II

LAS PRIMERAS CONSPIRACIONES

La lucha guerrillera contra Fidel Castro fue causada por el descontento en las filas del campesinado hacia el gobierno revolucionario que se instauró en el poder el primero de enero de 1959.

Castro asumió el poder, utilizando su astucia y aprovechándose de las debilidades de los dirigentes de otros partidos de oposición en la lucha contra Batista. El Segundo Frente Nacional del Escambray, el Directorio Revolucionario y la Organización Auténtica quedaron marginados de la estructura del poder desde la primera semana de 1959.

El nueve de enero de 1959, el nuevo Gobierno Revolucionario legalizó el hasta entonces abolido PSP (Partido Socialista Popular). Con la legalización del comunismo, vino al día siguiente, el reconocimiento oficial diplomático de la Unión Soviética. A las pocas semanas llegó a Cuba Aleksander Alexeyev, primer agente de la KGB, encargado de establecer nexos con el nuevo régimen y establecer un aparato represivo en el país. Alexeyev fue el organizador del Ministerio del Interior, vertebrando el sistema de espionaje y represión que aún existe en Cuba. Para 1962, por pedido oficial del propio Fidel Castro, Alexeyev fue designado embajador soviético en Cuba, cargo que ostentó hasta 1967.

En la primavera de 1960, cientos de soviéticos comenzaron a llegar a la Isla, en calidad de técnicos, pero con la misión de ayudar en la reestructuración de la sociedad cubana, para cambiarla de un sistema de libre empresa a un satélite colonialista de la URSS.

La Revolución Cubana tuvo el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo cubano. En el Manifiesto de la Sierra Maestra de 1958, Castro prometió que el nuevo sistema que se establecería en Cuba honraría a la Constitución de 1940, con justicia social, una reforma agraria equitativa, derechos civiles y elecciones libres.
Desde el primer momento en el poder el régimen castrista violó los conceptos por los cuales se había combatido contra Batista.. Más de trescientos fusilamientos se llevaron a cabo en las primeras semanas del triunfo, producto de juicios carnavalescos. Cuando varias docenas de miembros de la derrocada Fuerza Aérea fueron enjuiciados y juzgados inocentes por un tribunal revolucionario, Castro ordenó un segundo juicio. Posteriormente, desde los oficiales hasta los mecánicos, fueron sentenciados a largas condenas, en un segundo juicio, al que ni siquiera se les permitió asistir.

Los fusilamientos, los arrestos y la creciente influencia soviética, sembraron las raíces del descontento nacional. Apurándose para consolidarse en el poder, Castro nombró a numerosos elementos comunistas a puestos claves en las seis provincias. En breves semanas, cientos de empleados en cargos gubernamentales fueron despedidos, siendo reemplazados por elementos leales al PSP y a Fidel Castro. Dentro de las filas del propio Movimiento 26 de Julio y del Gobierno Revolucionario, las protestas y las confrontaciones se multiplicaron. El nuevo presidente, Manuel Urrutia, fue obligado a renunciar y a pedir asilo politico en una embajada de México, después de una confrontación con Castro. El jefe de la nueva Fuerza Aérea, el Comandante Pedro Luis Díaz Lanz abandonó la. Isla. acusando a Castro de alinearse a elementos comunistas. En octubre de 1959, el Comandante Hubert Matos, jefe del regimiento de Camagüey, fue arrestado junto a un grupo de sus oficiales por protestar la ingerencia comunista en el nuevo gobierno. Pocas horas después del arresto de Matos, el Comandante Camilo Cienfuegos, una de las figuras más populares del proceso revolucionario, desapareció misteriosamente, bajo circunstancias inexplicables que muchos historiadores han atribuído a una pugna interna.

Numerosos elementos revolucionarios veteranos de la lucha contra Batista, comenzaron a reunirse nuevamente para conspirar. Los primeros movimientos anti-castristas comenzaron a estructurarse a finales de 1959. Estos movimientos estaban formados y dirigidos por revolucionarios, que intentaban rescatar el proceso antes de que el comunismo pudiera consolidarse en Cuba.

Entre los movimientos clandestinos más activos de aquella época, se encontraban el MRR (Movimiento de Recuperación Revolucionaria), el DRE (Directorio Revolucionario Estudiantil), el MRP (Movimiento Revolucionario del Pueblo) y el Movimiento 30 de Noviembre. El MRR y el DRE comenzaron a recibir ayuda de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, durante los últimos meses de la administración de Eisenhower. Irónicamente, el Movimiento 30 de Noviembre, que no recibió apoyo económico de Estados Unidos, llegó a ser el aparato clandestino más grande de esa época, manteniéndose activo hasta 1968. Los cuatro movimientos tenían entre sus filas a numerosos veteranos guerrilleros que querían abrir frentes de combates en las sierras cubanas.
A principios de 1960, los conspiradores iniciaron el envío de pequeñas cantidades de armas a la Sierra del Escambray en Las Villas y a la Cordillera de los Organos en Pinar del Río, anticipando así, posibles alzamientos.

El primer alzado en Cuba fue Luis Lara, El Cabito, un ex-militar del ejército de Batista, que se fugó de una prisión y se escondió en la Cordillera de los Organos. Lara no era un alzado en el sentido clásico de la palabra, ya que al subir al monte, él carecía totalmente de suministros o vínculo alguno con las organizaciones clandestinas, que lo pudieran ayudar. Después de unas semanas fugitivo, en las cuales, organizó una modesta guerrilla de cuatro hombres, Lara fue capturado por una patrulla de milicias y posteriormente fusilado.

En 1959 hubo dos intentos de invasiones a Cuba por elementos opuestos al castrismo. La primera, en el mes de agosto, fue conocida como La Conspiración de Trinidad. Descubierta por agentes de Seguridad del Estado, se llevaron a cabo centenares de arrestos de conspiradores y el gobierno castrista interceptó un avión cargado de armas que aterrizó en el aeropuerto de Trinidad. Esta conspiración fue fraguada desde la República Dominicana, apadrinada por el dictador Rafael Leonidas Trujillo.

La segunda invasión fue el Desembarco de Navas, en la Provincia de Oriente, en el mes de octubre. Un grupo de 27 exiliados desembarcaron al este de la Isla, con el propósito de fomentar un frente guerrillero. Rodeados por varios centenares de las recien formadas milicias populares, los insurgentes entablaron varios combates. En el primer encuentro murió el jefe de la guerrilla, Armentino El Indio Feria. El resto del grupo fue capturado y diez de sus miembros, entre ellos tres norteamericanos, fueron fusilados.

La muerte del Cabo Lara y los combates de Nava eran sólo el preludio a la violenta guerra que se avecinaba. A principios de 19 comenzaron los alzamientos en el Escambray.


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Mar112008

1ros ALZADOS
Escambray: La Guerra Olvidada

Un Libro Historico De Los Combatientes Anticastristas En Cuba (1960-1966)

Enrique G. Encinosa

III

LOS PRIMEROS ALZAMIENTOS EN LAS VILLAS

Los primeros alzamientos en Las Villas fueron espontáneos, sin vinculación directa a los movimientos clandestinos. A principios de 1960, un carnicero llamado Pedro Rodríguez dirigió el alzamiento de un reducido grupo de ex-militares del Ejército Constitucional. Rodeado por fuerzas del ejército castrista en la Finca Can Can, Pedro Rodríguez armado de un revólver, trató de escapar bajo un fuerte tiroteo. Ametrallado por la espalda, Rodríguez se convirtió en el primer mártir de la lucha guerrillera del Escambray. Algunos de los hombres de Rodríguez lograron internarse en el monte donde más tarde se integraron a nuevos grupos guerrilleros en la zona.

Víctor Gámez conocido por Chiche un ex-soldado de sólo 20 años de edad, comenzó a preparar un alzamiento auspiciado por un grupo de ganaderos. La conspiración fue infiltrada por la policía y varios de sus hombres fueron arrestados. Chiche Gámez armado de un revólver, evadió la redada huyendo a través de los patios de las casas del poblado de Fomento, logrando esconderse en la casa de un amigo. Después de burlar constantes persecuciones, Gámez finalmente logro alzarse. Con tenacidad logró reunir a unos cuantos hombres, los cuales, armados con escopetas viejas, constituyeron uno de los primeros focos guerrilleros activos en Las Villas.

En Camajuaní, tres oficiales del Ejército Rebelde, Joaquín Membibre, Disonado Mesa y Vicente Méndez se sublevaron, tomando el cuartel donde estaban destacados y se alzaron en el Escambray con las armas confiscadas. Es posible que la rebelión de estos tres oficiales haya sido la primera sublevación armada de una posta militar bajo el nuevo régimen revolucionario.

En los primeros meses de 1960, se llevaron a cabo una docena de alzamientos en el Escambray, algunos organizados por movimientos clandestinos y otros, independientes, producto de la frustación y el descontento que comenzaba a extenderse por toda Cuba.
Entre los primeros jefes guerrilleros de esta época se encontraban Osvaldo Ramírez, Plinio Prieto, Edel Montiel y Evelio Duque. Los cuatro habían sido oficiales guerrilleros en la lucha contra Batista.

Osvaldo Ramírez, capitán de la Policía Nacional Revolucionaria, llevaba meses conspirando preparando un alzamiento en Las Villas que sería coordinado con otros levantamientos en la Provincia de Pinar del Río, que serían dirigidos por Clodomiro Miranda y Bernardo Corrales. Ramírez fue sorprendido reunido con un grupo de conspiradores, por una patrulla de milicias. en el Sitio ¿le Juana. Después de un breve combate, a Ramírez no le quedó otra alternativa que mantenerse aliado, pese a que el levantamiento había sido prematuro y sus dieciocho hombres carecían de armamento adecuado.

Edel Montiel abandonó la comodidad de su puesto de Director del Hospital de Topes de Collantes para formar una guerrilla con campesinos de la zona.
Plinio Prieto era un maestro de escuela que había sido una de las figuras principales de la OA (Organización Auténtica) durante la lucha contra Batista. Ahora convertido en líder guerrillero se había alzado en Guanayara, donde instaló una planta de radio clandestina, arengando al pueblo de Cuba a la sublevación. Su estancia en la zona fue corta, ya que el MRR le facilitó su salida del país con el propósito de que recibiera entrenamiento en Miami, para después regresar a Cuba a coordinar suministros y comunicaciones para los grupos atados.

Evelio Duque, ex-teniente de guerrillas en la lucha contra Batista, fue uno de los hombres seleccionados por el clandestinaje de La Habana, para unificar y vertebrar a las guerrillas del Escambray. Duque se mantuvo varios meses en la Sierra del Escambray moviéndose por los montes y estableciendo contacto con los diferentes grupos dispersos, tratando de unificarlos bajo un mando único. La táctica de la mayoría de los grupos guerrilleros de ese momento era el de mantenerse alzados sin presentar combate, tratando a su vez de establecer líneas de abastecimiento.

El MRR era por aquel entonces, el movimiento revolucionario que más ayuda recibía de la CIA, y por ende, el de más recursos disponibles. Intentando suministrar a los focos guerrilleros, el MRR estableció contacto con Sinesio Walsh Ríos un ex-capitán del Movimiento 26 de Julio que había dirigido una guerrilla en el Escambray contra Batista.

Sinesio Walsh había establecido un campamento en Nuevo Mundo, cerca del poblado de Veguitas en las inmediaciones del la Sierra del Escambray, donde intentaba apertrechar una nutrida columna guerrillera, antes de entablar combate contra el ejército. Era Sinesio Walsh un hombre de gran valor personal, aunque no buen estratega. Logró obtener algún material bélico por vías clandestinas, incluyendo una ametralladora calibre 30 que fue transportada al Escambray por un joven médico llamado Orlando Bosch Avila que se había destacado en la lucha clandestina contra Batista. En esta nueva etapa de la lucha, Bosch dirigía un pequeño, pero, efectivo grupo llamado el MIRR (Movimiento de Independencia y Recuperación Revolucionaria). Junto a Victor Paneque y Eliezer Grave de Peralta, dos ex-oficiales rebeldes, Bosch había sido una figura clave en coordinar el alzamiento de Sinesio Walsh. Con el pasar del tiempo, Bosch se convertiría en una de las figuras más claves y controversiales del proceso anti-castrista.

La estructura clandestina del MRR en Cuba estaba dirigida por un joven estudiante de ingeniería llamado Rogelio González Corzo, conocido por el nombre de guerra de Francisco. González Corzo designó al Dr. Armando Zaldívar, uno de sus hombres de confianza, a que visitara en el Escambray a Sinesio Walsh, para establecer una linea de suministros por paracaídas desde Estados Unidos.

El Dr. Zaldívar, médico de 26 años de edad, había sido teniente del Ejército Rebelde. Después del triunfo de la Revolución fue destacado al Hospital Militar. Amargado por la infiltración comunista en el nuevo gobierno, el Dr. Zaldívar comenzó a conspirar nuevamente. A mediados de 1960, viajó por vez primera al Escambray, y aunque logró entrevistarse con Joaquín Membibre, no pudo coordinar en aquel momento una linea de suministros.

El Dr. Zaldívar regresó al Escambray por segunda vez, llevando un cargamento, consistente de varios rifles, ametralladoras, granadas, mochilas de balas, y hamacas. Los equipos fueron escondidos en una panadería de Santa Clara y transportados por un camión a una finca cercana a Veguitas, allí el Dr. Zaldívar se reunió con Vicente Méndez y José Berberena, dos guerrilleros que lo llevaron hasta el campamento de Sinesio Walsh en Nuevo Mundo. En esta breve reunión se establecieron pautas para dejar caer armas por paracaídas, para equipar a una columna guerrillera, la fecha acordada fue septiembre de 1960.
El Dr. Zaldívar regresó a La Habana, reuniéndose con Plinio Prieto, que acababa de regresar clandestinamente a Cuba. Ambos hombres, acompañados de un radio telegrafista y otro miembro del clandestinaje, regresaron al Escambray para coordinar el primer lanzamiento de armas. La dirección del MRR había acordado darle el mando de los insurgentes del Escambray a Plinio Prieto, con Sinesio Walsh de lugarteniente.
Sinesio Walsh ya había logrado agrupar en Nuevo Mundo a un centenar de hombres, uniendo a varios de los grupos de alzados que se encontraban dispersos. Entre los líderes guerrilleros que esperaban los pertrechos militares se encontraban Vicente Méndez, Joaquín Membibre, Diosdado Mesa y Porfirio Reemberto Ramírez (El Negro Ramírez).
El Negro Ramírez era una figura muy conocida en Las Villas. Había abandonado sus estudios universitarios para combatir contra Batista, llegando a ser capitán de guerrillas. Después del triunfo de la Revolución, regresó a la universidad, donde fue electo presidente de la FEU (Federación Estudiantil Universitaria) de Las Villas. Su alzamiento, a finales del verano de 1960, había sido auspiciado por el DRE.
Percatándose de que, las guerrillas habían permanecido mucho tiempo en la zona de Nuevo Mundo, donde las condiciones le escape en caso de ser cercados, eran difíciles, Membibre y Méndez le pidieron a Sinesio Walsh que cambiara de campamento. Sinesio, que sabía que la situación se hacía peligrosa por la cantidad de patrullas que se movían en la zona, decidió permanecer en el campamento de Nuevo Mundo, esperando por las ansiadas armas. Varios de los grupos guerrilleros, dirigidos por Membibre, Mesa y Méndez, decidieron evacuar sus tropas hacia otra región.

Membibre tenía razón. Su guerrilla entabló combate con un contingente de milicias en Veguitas. Horas después, en otro combate en la finca La Felicidad, Vicente Méndez y sus hombres se batieron con una patrulla de milicias. El jefe de las milicias, Teniente Obdulio Morales Torres fue el primero en caer muerto en el combate, ametrallado por una ráfaga de la carabina San Cristóbal que portaba el guajiro Méndez. Este teniente era el sobrino de Félix Torres, un comandante del Ejército Rebelde y viejo comunista de la zona. Félix Torres había sido uno de los hombres claves de Fidel Castro en la provincia de Las Villas, donde apadrinó a numerosos comunistas para lograr obtener cargos importantes y el control total de la estructura del poder. La muerte de su sobrino enfureció a Félix Torres, quién ordenó la movilización de varios batallones de milicias, hacia la zona de operaciones.

Una de las patrullas de milicias tropezó con el campamento de Nuevo Mundo, entablándose un breve combate, resultando heridos cinco milicianos. Consciente de que estaban ubicados por las fuerzas enemigas, Sinesio Walsh decidió desmantelar su campamento, y dividió a los insurgentes en varios grupos.

Cuando Plinio Prieto y el Dr. Zaldívar, llegaron al Escambray con su equipo transmisor de radio, no pudieron establecer contacto con Sinesio Walsh quien ya estaba en fuga, perseguido por cientos de milicianos. Plinio Prieto y su grupo hizo contacto con Diosdado Mesa y varios de sus guerrilleros. Después de varios días caminando juntos por los montes, cargando un pesado equipo de radio, Plinio Prieto decidió regresar a Cienfuegos para establecer contacto de nuevo con el MRR. Al cruzar el grupo los terrenos de una cooperativa agraria, sostuvieron una escaramuza con una escuadra de milicia. Escondidos en la maleza del monte y proteguidos por la noche, intentaron establecer contacto radial con los Estados Unidos, para prevenirlos de que detuvieran el prometido lanzamiento de las armas por aire. Infortunadamente, las transmisiones no fueron efectivas, y el avión voló esa noche sobre el escondite de Plinio Prieto y su grupo, lanzando las armas cerca de La Campana donde las milicias castristas capturaron el cargamento. Sin poder establecer contacto con Sinesio Waslh y sus hombres, el grupo de Plinio Prieto y el Dr. Zaldívar se disolvió. Diosdado Mesa y sus hombres regresaron al monte, y Plinio Prieto y su grupo decidieron viajar a Cienfuego separados. En el transcurso del viaje, Plinio Prieto y el Dr. Zaldivar fueron capturados en Cumanayagua.

Las guerrillas de Sinesio Walsh, al desmantelar el campamento de Nuevo Mundo, fueron cercadas en un nudo por varios batallones de milicias. Los guerrilleros trataron de romper el cerco en varios lugares. Se establecieron combates en Boquerones y Los Petrels. Membibre, Mesa y Méndez se internaron en el Escambray. El Negro Ramírez, sin municiones, fue capturado en un cerco que le tendieron en las proximidades de Manicaragua. Sinesio Walsh fue apresado con cuatro de sus hombres en una cueva, por una patrulla del ejército.

El régimen dió amplia publicidad a la captura de Sinesio Walsh, Plinio Prieto y Porfirio Ramírez. En Santa Clara, capital de la Provincia de I as Villas, donde Porfirio Ramírez El Negro era conocido como buen revolucionario y gran líder estudiantil, se organizaron protestas públicas. Una demonstración estudiantil demandando clemencia para Ramírez, fue desbaratada a golpes de cabillas por oficiales del régimen. Una segunda marcha, organizada por sus familiares fue disuelta por policías que le cerraron el paso. Fidel Castro respondió a una petición de clemencia, dándole a la familia de Ramírez su promesa personal que la vida del dirigente guerrillero sería respetada.

El juicio de la Primera Causa del Escambray se llevó a cabo en Santa Clara, el 12 de octubre de 1960. Más de sesenta guerrilleros fueron sentenciados a condenas de diez a treinta años de prisión política. Uno de los condenados fue el Dr. Armando Zaldívar, el cual, después de su captura, fue torturado mentalmente, al ser fusilado con salvas en dos ocasiones. Cinco líderes guerrilleros fueron condenados a morir fusilados: Plinio Prieto, Porfirio Reemberto El Negro Ramírez, Angel del Sol, Sinesio Walsh Ríos y José Palomino Colón.

Esa noche, la última de su vida, Porfrio Reemberto El Negro Ramírez, escribió una carta, en la que se dirigió al pueblo de Cuba y a sus hermanos de lucha.

«Quien haya pasado por todos estos horrores debe sentirse feliz de morir, porque sabe que habrá de descansar de tanta opresión, de tanta ignominia, de tanta cobardía y porque sabe que habrá de sembrar el ejemplo para futuras generaciones...Sé que voy a morir dentro de pocas horas, no tengo miedo, por el
contrario, jamás en mi vida me he sentido tan seguro de mí mismo; sé que mi muerte no habrá sido en vano....»

En el anochecer del 13 de octubre de 1960, los cinco guerrilleros fueron fusilados en el campamento de milicias de la Campana. Porfirio Ramírez, el lider estudiantil al cual Castro le había prometido clemencia, recibió tres impactos de bala en el rostro.

Los fusilamientos, en vez de aplacar o amedrentar al campesinado, sólo logró enfurecer a millares de villareños. En los montes del Escambray hubo nuevos alzamientos. Lo que sobraban eran hombres dispuestos a pelear. Lo que faltaban eran armas y pertrechos para los guerrilleros.
 


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Mar112008

UNIFICACION
Escambray: La Guerra Olvidada

Un Libro Historico De Los Combatientes Anticastristas En Cuba (1960-1966)

Enrique G. Encinosa

IV

UNIFICACION GUERRILLERA Y MUERTE DE FAJARDO

A pesar de que los montes de Las Villas se estaban llenando de insurgentes, en La Habana, Fidel Castro no se apresuraba en perseguirlos. Carlos Franqui, en aquel entonces director del periódico Revolución y uno de los hombres más íntimos del nuevo dictador, escribió años después en sus memorias que Castro se refería a la naciente guerrilla como un fenómeno de la imitación. Franqui es de la opinión de que Castro en 1960, no hubiera arremetido con fuerza contra los alzados, esperando quizás a que los núcleos guerrilleros fueran más grandes, para así atrapar a los alzados en una gigantesca redada. En 1960, Castro también se encaraba a otras serias preocupaciones que tenían sus prioridades, como eran los movimientos clandestinos urbanos, que habían crecido y estaban muy activos, además de las deserciones diarias dentro de las filas de su propio régimen.

Al morir Plinio Prieto, fue Evelio Duque Mijares el hombre designado por los americanos para unificar al Escambray. Su contacto con los Estados Unidos era Augusto, nombre de guerra que utilizaba Ramón Ruiz Sánchez, un dirigente de Rescate Revolucionario, el grupo dirigido por el Dr. Manuel Antonio de Varona. Augusto que era cuñado de Varona residía en el Reparto Siboney, en La Habana, donde tenía una planta de radio transmisora para comunicarse directamente con la CIA en los Estados Unidos. Rescate Revolucionario, el MRR y el DRE eran parte del Frente Revolucionario Democrático, el grupo sombrilla bajo el que se aglutinaban una docena de movimientos amparados por la CIA.

El trabajo organizativo de Duque logró vertebrar a 7 columnas guerrilleras, contando de treinta a sesenta hombres cada una. La primera columna era la Comandancia y el Estado Mayor del frente guerrillero, dirigidos por Evelio Duque y Edel Montiel, con Joaquín Membibre en el cargo de Inspector General. El jefe de la Columna Dos, era Diosdado Mesa, con Vicente Méndez de lugarteniente. La tercera unidad estaba a cargo de Zacarías López, con Juan Felipe Castro de segundo jefe. La Columna Cuatro estaba bajo el mando de Ismael Látigo Negro Heredia, con Víctor Chiche Gámez de lugarteniente. La quinta, era dirigida por Ismael Rojas y su asistente, el teniente Nazco. La sexta unidad estaba capitaneada por Edgar Cajigas y Emiliano Cárdenas, y la séptima por Carlos Duque y el Teniente Yeras. Además de estas siete columnas habían varias guerrillas individuales, como la de Nando Lima, que funcionaban bajo órdenes del Estado Mayor, pero con cierta autonomía.

En una reunión en el Manacal, entre Evelio Duque y Osvaldo Ramírez, se creó la Columna Ocho, la que sería dirigida por Osvaldo Ramírez. Esta columna tenía una autonomía considerable, ya que controlaba a varias unidades de combate con más de un centenar de operativos en total. A Osvaldo Ramírez se le otorgó más libertad estratégica, que a los jefes de las otras siete columnas. Aunque existía fricción entre Duque y Osvaldo Ramírez, la única manera de lograr unidad era permitiéndole a Ramírez operar militarmente, con la mayor independencia posible. Aunque la guerra apenas comenzaba a despuntar, ya Osvaldo Ramírez era considerado el guerrillero más audaz del Escambray.

Mientras otros jefes guerrilleros habían estado a la expectativa bajo órdenes de no presentar combate, Osvaldo Ramírez había organizado a sus escuadras guerrilleras en unidades de combate, atacando y hostigando al enemigo en toda oportunidad. Sin esperar armamentos, con recursos inexistentes, en breves semanas Ramírez se convirtió en el guerrillero más conocido de los montes de Las Villas. Duque no tenía grandes simpatías por Osvaldo Ramírez, pero ambos hicieron la paz en nombre de la unidad.

Osvaldo Ramírez era un guajiro fibroso, tostado por el sol de la Sierra. Nació el día 6 de julio de 1921 en Guayos, cerca de Sancti Spíritus, provincia de Las Villas. Trabajó como chofer de camiones para los centrales azucareros y más tarde fue chofer de alquiler. En 1958 se alzó en el Escambray contra Batista.
Después del triunfo de la Revolución, Ramírez fue ascendido a capitán de la Policía Nacional Revolucionaria, asignado a un cargo de supervisión, en la provincia de Matanzas. En el verano de 1960, se alzó nuevamente en el Escambray después del combate en el Sitio de Juana.

Al poco tiempo de alzarse, Ramírez fue capturado por una unidad militar. Cuando era trasladado para someterlo a un interrogatorio, este arriesgado jefe guerrillero se lanzó por un barranco, ante los sorprendidos ojos de sus captores. El salto al vacío hacia un precipicio alto, era una acción suicida, una búsqueda a una muerte certera. Pero el guerrillero de Guayos tuvo suerte. La tupida maleza y las ramas de los árboles frenaron su caída vertiginosa. Magullado, con el cuerpo cubierto de heridas, Osvaldo Ramírez huyó por la maleza, mientras una escuadra de soldados, atónitos ante su valor suicida, lo contemplaban huir desde lo alto del barranco. Esa audacia era el sello de Osvaldo Ramírez. Desde el principio de la lucha guerrillera. Evelio Duque era el dirigente organizador, pero Ramírez fue siempre el guerrero del monte, nacido para el combate.

En octubre de 1960, Evelio Duque obtuvo un cargamento de armas, llevadas por lanchas a la costa su- de Cuba. El cargamento consistía de 30 ametralladoras M3, 5 rifles automáticos Browning con bípodes, granadas, municiones y equipos. Dividiendo el modesto suministro entre sus hombres, Duque le asignó a cada unidad una zona de operaciones en el Escambray.

En noviembre de 1960, un mes después de los fusilamientos en La Campana, un suceso tuvo lugar que recibió amplia publicidad en la prensa nacional cubana. El comandante del FAR Piti Fajardo, jefe de operaciones en la zona del Escambray, fue ultimado en una refriega en la carretera de Topes de Collantes a Trinidad.
Fajardo fue enterrado con todos los honores que el régimen podía otorgar. Fidel Castro despidió el duelo, jurando venganza. Según artículos publicados años después en Moncada, el órgano del FAR, el régimen castrista le adjudicó la muerte de Fajardo a la unidad guerrillera de Edel Montiel.

La realidad histórica no fue así, sucedió que, a mediados de noviembre varios jóvenes de Trinidad, prepararon un alzamiento. En la búsqueda de armamentos, los nuevos guerrilleros atacaron la casa del Comandante Alfredo Peña, de donde obtuvieron varios rifles y armas cortas. Alertada la milicia, fueron perseguidos por unidades militares. En la huída, los jóvenes alzados rompieron un cerco en las inmediaciones de la carretera Topes de Collantes-Trinidad. Cuando cruzaban la carretera, perseguidos de cerca por tropas del régimen, se toparon con los jeeps de Piti Fajardo y su escolta. Los guerrilleros abrieron fuego hiriendo gravemente a Fajardo y continuaron en su huida. La unidad militar que los seguía también disparó hacia la carretera, desconociendo que Fajardo y su escolta estaban intercam biando fuego con los alzados. Así pues, el Comandante Piti Fajardo se vió atrapado en un cruce de fuego, entre alzados y sus propias tropas. Una bala de fusil destrozó el cráneo de Fajardo. Un segundo proyectil, calibre 7.62 (el calibre de la pistola checa utilizada por Seguridad del Estado en aquel entonces) se incrustó en la rodilla del comandante castrista. Así murió Piti Fajardo, ametrallado en un cruce de fuego.

Para Castro, que hasta el momento se había limitado a asignar tropas locales de Las Villas para perseguir a las guerrillas, la muerte de uno de sus más importantes comandantes, era una bofetada política. Castro había jurado venganza en el duelo y ahora, definitivamente, la primera prioridad nacional, tenía que ser la eliminación física de los insurgentes del Escambray. Para reemplazar a Fajardo, Fidel Castro designó al Comandante Derminio Escalona, al cual se le asignó lo que los castristas han llamado La Primera Limpia del Escambray y la que los guerrilleros denominaron La Gran Ofensiva.


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Mar112008

LIMPIA
Escambray: La Guerra Olvidada

Un Libro Historico De Los Combatientes Anticastristas En Cuba (1960-1966)

Enrique G. Encinosa

V

LA PRIMERA LIMPIA
UN RIO DE SANGRE CUBANA

Comenzaron en diciembre. Llegaron quinientos camiones cargados de milicianos y equipos. Trenes repletos de militares y material bélico. Helicópteros de reconocimiento. Carros blindados. Unidades de artillería ligera, equipados de morteros y bazookas. Autobuses requisados para transportar tropas. Cajas llenas de armas para las recientemente entrenadas milicias. Ametralladoras VZ y PPCha. Metralletas checas de nueve milímetros. Rifles M52 con bayonetas caladas. Fusiles FAL belgas. Tambores de balas, cajas de peines y ropa militar, equipos médicos y radios para comunicaciones.

El régimen castrista admite haber movilizado a sesenta mil hombres para la primera limpia del Escambray, aunque es posible, que la cifra real fuera aún mayor que la de la versión oficial. La inmensa operación, que duró desde finales de diciembre de 1960 hasta principios de marzo de 1961, tuvo como propósito la aniquilación total de una fuerza guerrillera, que con todas sus unidades combinadas, no llegaban al millar de hombres mal armados.

Para finales de diciembre, las unidades castristas estaban en sus posiciones. Todas las carreteras y caminos al Escambray fueron sellados, para evitar entradas de suministros o fugas de alzados. Pelotones de milicias fueron estacionados en fincas privadas, para evitar que los guerrilleros pudieran obtener comida. Miles de familias fueron desalojadas de sus bohíos, transportadas en trenes y relocalizadas en otras provincias, -ubicadas en pueblos cautivos como Sandino- para romper los nexos entre los insurgentes y el campesinado, que en su casi totalidad, apoyaba a los insurgentes. La relocalización. que se llevó a cabo en las dos limpias grandes fue muy parecida a la utilizada por el Genial español Valeriano Weyler en la lucha contra los mambises del Siglo XIX.

El Escambray siendo una zona muy rica, con miles de pequeños agricultores, contenía un gran número de simpatizantes de los alzados en la lucha contra el régimen. La técnica de relocalización fue designada para cortar el cordón umbilical que amarraba a los alzados con sus simpatizantes. Y la relocalización fue uno de los capítulos más crueles en la guerra. Centenares de familias perdían todas sus pertenencias y eran obligadas a vivir en lugares distantes bajo condiciones infrahumanas. Muchas de estas familias aún permanecen cautivas en

Pinar del Río, dos décadas después de que finalizara esta guerra. Bohíos y fincas fueron incendiadas por el ejército y la milicia. En las fincas donde algún miembro de la familia estaba alzado, la milicia llegó a matar a los caballos y burros para evitar que los infelices animales fueran utilizados, para transportar mensajeros o suministros a los alzados. Centenares de simpatizantes de las guerrillas fueron detenidos en pueblos y ciudades, interrogados sin cesar, para que delataran los movimientos de las unidades guerrilleras. En la Jefatura de Operaciones, un mapa de la zona fue dividido en cuadrantes. A cada cuadrante se le asignaron cinco batallones para operaciones de peine en la búsqueda de los alzados. Una vez que un grupo guerrillero era localizado, la milicia estaba bajo órdenes de establecer un triple cerco, rodeando al grupo de alzados en tres anillos. Rodeados de esta manera, los alzados tenían sólo dos opciones. La primera era romper el cerco por arriba estableciendo combate y tratando de cruzar los anillos antes de que los cercos se pudieran cerrar. La segunda opción era romper por abajo disolviendo la guerrilla, escondiéndose en cuevas o aromales, esperando pacientemente por varios días, hasta que las tropas, cansadas de no encontrar a nadie, retiraran el cerco. En ciertas ocasiones, la milicia llevaba a cabo un cerco proletario en la cual, centenares de milicianos pegados hombro con hombro, peinaban un campo lentamente, cubriendo todo pie cuadrado del terreno donde se movían.

Pese a estar atrapados en los montes, rodeados por huestes cien veces superiores y mucho mejor armadas, los guerrilleros no iban a ser presas fáciles. La mayoría de los alzados eran hombres del campo, duros guajiros que conocían muy bien los trillos y los senderos. Muchos de los alzados, eran veteranos guerrilleros de la lucha contra Batista, o ex-militares del régimen anterior. Mientras que miles de milicianos eran muchachos de ciudad, recién entrenados, sin experiencia militar y movilizados a la fuerza, los guerrilleros eran todos voluntarios, hombres que se habían alzado sabiendo el riesgo que incurrían. Los guerrilleros estaban dispuestos a pelear con la furia de animales acorralados.

El primero de enero de 1961, comenzaron las operaciones de la limpia. Hubo combates en Arroyo Malo, Jorobada, Cuatro ametrallado en la carretera de Manicaragua y el día 12 hubo en San Ambrosio, uno de los grupos guerrilleros bajo el mando de Osvaldo Ramírez tendió una emboscada. Una patrulla de dieciocho milicianos, sedientos tras una larga marcha, cayeron en la trampa Atrapados en un cruce de fuego, diecisiete milicianos murieron en unos segundos. Sólo un rezagado logró salvar la vida, huyendo antes de ser ametrallado. Los hombres de Ramírez recogieron diecisiete rifles checos M52 y se perdieron en la maleza, huyendo del cerco inevitable que vendría. Al día siguiente, otro grupo guerrillero atacó una cooperativa, matando a dos milicianos y capturando media docena de armas. El día 11 de enero, un camión del ejército, fue ametrallado en la carretera de Manicaragua y el día 12 hubieron combates en Guaracabuya y el Central Santa Isabel.

El día 17, en el Cerco del 38, próximo a Sancti Spíritus, un grupo de alzados fue rodeado por un contingente de milicias. Un guerrillero, el Negro Calderón, fue derribado por el plomo castrista. Otro alzado, Enrique Hidalgo, recibió veintiuna heridas en su cuerpo, la mayoría causadas por fragmentos de una granada. Un tercer guerrillero, Martín Castillo, cayó herido con la columna vertebral cercenada de un balazo. Sin poder moverse, Castillo. le pidió a Hidalgo que le dejara un par de granadas. Hidalgo, herido y sangrando, se alejó arrastrando los dos rifles. Castillo, recostado al hoyo de una mata de guano, le quitó las agujas a ambas granadas, apretando las espoletas en sus manos. Cuando la patrulla de milicias se acercó a él, Castillo gritó que se rendía, pero que no podía moverse por estar herido grave. Dos docenas de milicianos se acercaron al herido. Castillo soltó las granadas. La doble explosión destrozó al guerrillero, pero dieciseis milicianos cayeron muertos por la bola de metralla. Tres días después, Hidalgo, casi muerto, fue encontrado por otros alzados. Su cuerpo estaba cubierto por gusanos y sus heridas infectadas. Milagrosamente, Hidalgo sobrevivió y continuó combatiendo por casi dos años, hasta que murió en combate a finales de 1962, en La Botella.
En ese mismo mes de enero, una de las unidades de conbate de Osvaldo Ramírez le dio muerte a Conrado Benítez, un maestro rural que había servido de práctico y de informante de las milicias. Benítez, un convencido comunista, fue convertido por la propaganda del régimen, en el mártir más popular de las filas castristas. El régimen intentó hacer parecer a Benítez como una víctima inocente de las bandas guerrilleras. Las brigadas de adoctrinamiento marxista de alfabetización recibieron en nombre de Brigadas Conrado Benítez, y el maestro delator, fue alabado como un santo mártir de la revolución castrista.

En una comparecencia pública, Fidel Castro ofreció amnistía a Osvaldo Ramírez, diciendo demagógicamente: «Queremos convencerlos de que están equivocados, Y si Osvaldo Ramírez depone las armas, le garantizaremos su vida.» Desde la Sierra den Escambray, la respuesta fue típica del héroe guerrillero: «Si Castro desea hablar, que deponga las armas y suba al Escambray. Nosotros le garantizaremos su vida.» Respondió Osvaldo Ramírez, en una entrevista clandestina.
Mientras nos alzados peleaban desesperadamente, entre la dirigencia existía fricción. Evelio Duque había tenido problemas con Augusto, su contacto en La Habana. Augusto, dándose cuenta de que Osvaldo Ramírez era el líder guerrillero más dinámico de los alzados, le quitó el mando a Duque y envió un mensaje clandestino a Ramírez, ofreciéndole la jefatura total del Escambray. Augusto también envió cartas a los 7 jefes de columnas, pidiéndoles que se integraran bajo el mando único de Osvaldo. Por el momento, sin embargo, nos jefes guerrilleros estaban más preocupados por romper cercos y sobrevivir a las lluvias de metralla, que estructurarse bajo una nueva jefatura.

El día 28 de enero, aniversario den natalicio de nuestro Apóstol, José Martí, tres columnas guerrilleras se unieron para atacar en campamento de milicias de El Joyero. Después de un mes de intensos combates, las tres columnas juntas, apenas contaban con un centenar de hombres. En acción ofensiva, las guerrillas atacaron la Comandancia de las milicias. Sorprendidos por un intenso volumen de fuego, los milicianos se retiraron con treinta y dos bajas. Los alzados tomaron el cuartel y lo incendiaron, capturando en la acción, una docena de armas largas, cinco milicianos y provisiones.

Sin embargo, la victoria fue costosa, Ismael Heredia, en Látigo Negro, jefe de la Columna Cuatro, fue muerto en la refriega. Zacarías López y Edgar Cajitas fueron heridos en el combate.

Víctor Chiche Gámez, hasta el momento, segundo jefe de la Columna Cuatro, asumió el mando de la guerrilla después de la muerte de Heredia. Gámez dejó en libertad a los cinco milicianos capturados, ya que las guerrillas, siempre en constante movimiento, carecían de facilidades para retener prisioneros de guerra.
Combate tras combate, cerco tras cerco, las guerrillas comenzaron a ser diezmadas. A principios de febrero, 8 milicianos fueron muertos en un arroyo, por la explosión de una granada. Continuaron los combates en Matas de Café, Pico Tuerto y otros parajes den Escambray.

Evelio Duque y tres de sus hombres se pasaron semanas viviendo en una cueva, hasta que lograron abandonar clandestinamente al Escambray y obtuvieron asilo politico en la embajada de México en La Habana. Joaquín Membibre, Diosdado Mesa, Vicente Méndez y Edel Montiel, cruzaron la sierra rompiendo cercos, combatiendo hasta llegar a las cercanías de Santa Clara, donde contactos clandestinos, nos ayudaron a salir del país en barco. Montiel y Méndez, se encontraban heridos.

Días después del combate en El Joyero, la guerrilla de Chiche Gámez llegó a San Blas, donde buscaron comida y descanso.

Chiche Gámez, uno de nos pocos jefes guerrilleros en sobrevivir la guerra den Escambray, nos ha relatado no siguiente: «Llegamos a la finca de un hombre que le apodaban El Gallego y en hombre nos recibió amistosamente, diciéndonos que era amito de Nando Lima, un jefe de guerrillas muy valiente que operaba en esa zona. Le pedimos comida y regresó al poco rato con su padre y sus dos hijos chiquitos. Los cuatro lucían nerviosos. Sospechábamos que el hombre había traído a los muchachitos para que a él no le hiciéramos daño. Traían masas de carne de puerco fritas y plátanos sancochados. Las manos les temblaban. Le preguntamos si había mucha milicia en la zona, y en Gallego respondió que sí, que había mucha tropa por los alrededores. A cada uno de los muchachos, les puse un billete de veinte pesos en la camisa y dejé que nos cuatro se fueran. Aunque teníamos hambre, decidimos llevarnos la comida, en caso de que en Gallego nos hubiera delatado. Si nos iban a tirar un cerco, yo quería salir de San Blas antes de que nos cerraran en anillo.

»Mi táctica con nos cercos, era de romper por arriba y moverme rápido. Tan pronto empezaban a poner tropas en posición yo empezaba a moverme. No me gustó nunca esperar a que me rodearan.

»Cuando salimos de la finca, nos estaban esperando. Tenían ametralladoras VZ y rifles Garands y FALs belgas. Tratamos de romper el cerco de frente y no pudimos. Estuvimos tres horas moviéndonos dentro den anillo, intercambiando tiros, buscando un hueco por donde salir. A Faustino Peña, uno de los nuestros, le dieron cinco balazos. Murió a las pocas horas en en Hospital de Topes de Conlantes. A Lupe Tardío, una bala le entró por debajo del esternón, le viajó de lado por en cuerpo y se quedó al ras de la piel en la columna vertebral.

»Aquellos hermanos Tardío eran hombres durísimos. Eran seis, y cinco murieron en la lucha contra Fidel. El sexto, Genaro, cumplió presidio politico. Aquella bala que le entró a Lupe en el cerco de San Blas hubiera matado a cualquiera, pero Lupe siguió peleando. - Chiche,- me dijo -sácame la bala con el cuchillo.- Pero yo no me atreví. Pensé que Lupe iba a morir pronto, pero no, a él no lo mataron hasta varios meses después, en un combate en El Dátil.

»Nos dividimos en grupos y nos separamos. Lupe estaba conmigo, pero muy débil. Subimos a un paredón de piedras, con las balas picándonos al lado. Lupe se cansaba y me dijo que no podía seguir. Nos acostamos a descansar. Yo tenía calambres en las piernas._ de tanto correr y una herida en un pie. Mi arma era un fusil automático Browning, pesado, pero muy bueno. Disparé unas ráfagas y nos ripostaron con fuego de morteros. Por suerte, los artilleros no tenían experiencia y los proyectiles volaban sobre nosotros, explotando a nuestras espaldas.

»Moviéndonos nuevamente, nos escondimos en una cueva. La milicia se nos acercó tanto que podíamos escucharlos conversando. Otro tiroteo cercano, los atrajo y nos dejaron solos.

»Esa noche nos reagrupamos. Eramos unos cincuenta hombres, atrapados dentro del cerco. Al otro día cruzamos el cerco. Los milicianos estaban a diez o quince metros de distancia, uno del otro. Estaban usando helicópteros para patrullar la zona. Cada vez que el helicóptero pasaba por sobre la línea de milicia; todos ellos miraban hacia el cielo, observando el aparato. De dos en dos, nosotros aprovechábamos el momento, para atravesar las líneas. Todos cruzamos sin problemas, pero los dos últimos hombres, tuvieron que esperar dos horas a que el helicóptero pasara de nuevo.»

Roto el cerco de San Blas, los guerrilleros, incluyendo a Chiche Gamez, decidieron cruzar las líneas de milicias, en el área de Topes de Collantes, para moverse a una zona donde no hubiera saturación de tropas.

Y continúa Gamez su relato: «Llegamos a Collantes a eso de las dos de la mañana. Nos empezamos a arrastrar de barriga, hacia las líneas de la milicia. Eramos unos ochenta hombres. Se decidió que yo sería el primero en cruzar la línea, y que Ismael Rojas sería el último. Había niebla y nos arrastramos sin hablar. Cruzamos una cerca de alambre. En la avanzada, éramos tres hombres. Del otro lado de la cerca había un terraplén donde un miliciano dormitaba, recostado a un árbol. Uno de nuestros hombres. se puso en posición cercana al miliciano, listo para matarlo si despertaba. Yo puse mi fusil ametralladora Browning en el terraplén, apuntando hacia Collantes, donde estaba la milicia. Si venía un ataque, sería de allí.

»Los nuestros empezaron a cruzar. Los primeros dieciseis hombres pasaron sin problemas. Entonces, a uno se le enredó la mochila en el alambre. El sonido despertó al miliciano, y lo matamos de un disparo. La cosa se puso dura. Desde nos encontrábamos, vimos luces de jeeps y camiones, que salían de Topes de Collantes. Yo empecé a disparar ráfagas cortas con la Browning, mientras el resto de la tropa cruzaba el terraplén a todo galope. Cuando vi venir a Ismael Rojas, yo sabía que él era el último en la línea. Ambos nos adentramos en la maleza.

»Habíamos cometido un error. Los prácticos de nuestra tropa estaban todos en la punta. Cuando Ismael y yo cubrimos la retirada, nos encontramos en la retaguardia, sin práctico que conociera el terreno. Nos acercamos a un bohío, pero había un pelotón de milicia esperando. Intercambiamos disparos y nos retiramos.

»Ese día tuvimos una docena de encuentros. Por cada uno de nosotros, había cien de ellos. Cada vez que perdíamos un grupo, tropezábamos con otro. A cada momento se nos acercaban más. Una vez me quedé esperándolos. Venían corriendo, confiados de su superioridad numérica. Les vacié un peine de la Browning, y los paré en seco.

»Cuando se me acabó el parque de la Browning cogí una Thompson, con unos cuantos peines. Nuestro grupo grande se dividió en varios grupitos, y tratamos de cruzar los cercos por diferentes lugares. En una de esas vueltas, nos topamos de cerca a un grupo de milicianos. No nos podían ver, pero nos sentían. Nos gritaron. Yo sabía que el Batallón 121 de Regla era una de las unidades que nos perseguía, así que grité: ¡Somos del 21, del Batallón 121! Nos pidieron que nos acercáramos y comenzamos a caminar hacia ellos. Eramos cinco hombres. Cuando estábamos bien cerca, en un ángulo en que no nos podían ver, nos lanzamos a correr por una cañada hacia abajo, perdiéndolos. Inocencio Rojas, el hermano de Ismael, iba al lado mío. Yo llevaba la Thompson y Rojas una carabina M l. Al llegar al fondo de la cañada, nos topamos con una patrulla de milicianos armados de PPChas, una ametralladora con tambores cilíndricos, que cargaban setenta y dos balas. Nos dieron el alto, y Rojas trató de sacar su pistola del cinto. Una ráfaga lo destrozó. Cogió dieciseis o diecisiete plomos en el pecho. Yo me tiré al suelo, vaciando el peine de la Thompson sobre ellos. Siriaco Rubaldino, El Guineo y otro al que le decíamos El Mejicano, llegaron tirando plomo. La milicia se retiró y nosotros también. Seguimos por la manigua pero la cosa estaba mala. En la distancia se oían disparos de otros grupos, tratando de romper los cercos. Las únicas balas que me quedaban se las saqué al peine de la pistola y se la puse al peine de la Thompson. Me quedaba medio peine de balas. A Siriaco le quedaban 10 balas en el M3 y al Guineo unas cuantas balas en la pistola. El Mejicano ya no tenía nada.

»Al otro día tratamos de romper el cerco, y nos tirotearon. Ripostamos con un par de disparos, pero con las pocas balas que teníamos, sólo podíamos huir. Perseguidos, nos metimos en un potrero. Cuando no pudieron localizamos, le prendieron candela por las cuatro puntas. Salimos corriendo bajo una lluvia de balas. Después de perder al grupo que nos seguía, tuvimos un encuentro con otra patrulla. A mí, se me acabaron las balas, y a Siriaco, sólo le quedaban tres. Eso era todo. Cuatro atados y tres balas.

»Encontramos un hueco en la tierra y nos metimos parados, apretados hombro a hombro. La milicia peinó el área y nos pasaron a unos metros solamente. Después regresaron. Por segunda vez no nos vieron. Entonces, en el tercer peine, nos localizaron. Diez o doce rifles nos apuntaban. Siriaco, con tres balas en el M3 me preguntó: - Chiche, ¿qué hago?- Y yo le respondí: -Ya no hay nada que hacer

»Cuando nos llevaron a Topes de Collantes, donde habían muchos alzados prisioneros, escuché voces que gritaban desde una ventana: -¡Allí traen a Chiche Gámez!- Y por sobre todas las voces, escuché la voz de Nando Lima que me gritaba: -¡Chiche Gámez, los hombres mueren sólo una vez!

»Aquellas palabras de Nando me dieron fuerza, me hicieron sentirme listo para afrontar lo que me esperaba.»

En Topes de Collantes, los oficiales de Seguridad del Estado torturaban a los guerrilleros física y mentalmente. Algunos presos fueron fusilados con salvas, una tortura cruel, que destrozaba los nervios de hombres que llevaban meses bajo condiciones de máxima tensión. Otros presos eran interrogados desnudos, mientras que a otros, se les negaba alimentos, hasta que firmaran confesiones. Las peores de estas torturas eran La Represa y La Jicotea. Los guerrilleros, maniatados, eran lanzados a una represa de donde eran sacados del agua prácticamente ahogados. La Jicotea consistía en encerrar a un preso en un barril o lavadero, hasta que casi ahogado, era interrogado. Algunos infelices se ahogaron en estos crueles interrogatorios.

Para mediados de marzo, el ejército castrista comenzó a retirar a los miles de milicianos destacados en el Escambray. La Primera Limpia había terminado. Las unidades guerrilleras habían sido aparentemente destrozadas. Ismael Heredia había muerto en combate. Duque, Membibre, Méndez, Mesa y Montiel, habían logrado escapar al exilio. Carlos Duque, Zacarías López, Guillermo Pérez Calzada, Nando Lima, Ismael Rojas y Chiche Gámez, habían sido apresados. En las montañas de Las Villas, sólo quedaban algunos grupos dispersos.

Después de la Primera Limpia, los grupos aislados que quedaban, apenas ascendían a unos doscientos hombres en su totalidad. Pero esos grupitos aislados tenían dos factores a su favor.

El primer factor, era la experiencia. Los que habían sobrevivido a la limpia, eran ahora veteranos muy duros, guerrilleros muy jíbaros, curtidos en el combate y dispuestos a la guerra.

El segundo factor era un líder guerrillero que había sobrevivido milagrosamente a once cercos de la limpia: el legendario Osvaldo Ramírez


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Mar112008

GIRON
Escambray: La Guerra Olvidada
Un Libro Historico De Los Combatientes Anticastristas En Cuba (1960-1966)


Enrique G. Encinosa


VI


PLAYA GIRON Y LA REUNION DEL CICATERO


Tan pronto las milicias se retiraron, los alzados comenzaron a salir de sus cuevas y escondites. De todas las unidades guerrilleras, la que más intacta había quedado, era la de Osvaldo Ramírez. El jefe guerrillero había logrado sobrevivir, ya que contaba con una cadena de prácticos, muy conocedores de la zona, que lo ayudaban. Ramírez había dividido su tropa guerrillera en una docena de escuadras, cada una consistía en grupos de nueve a doce hombres. Las diminutas guerrillas eran más móviles y escurridizas, que las columnas de cincuenta o sesenta hombres que había tenido Duque. A pesar de que contaba con un sistema muy primitivo de mensajeros, Ramírez tenía la capacidad de reunir varias escuadras rápidamente, para golpear un objetivo con fuerza.


Un par de semanas después del final de la limpia, vino el desastre de Playa Girón. Una fuerza invasora, auspiciada por la CIA, desembarcó en la Ciénaga de Zapata. La Brigada de Asalto 2506, consistía en un ejército de mil quinientos hombres que fueron entrenados en Centro América. Sin cobertura aérea, los invasores fueron blancos fáciles de los aviones Sea Fury de Castro, los cuales destruyeron los barcos de abastecimiento de la Brigada. En tres días de violentos combates, la invasión se desmoronó, sin municiones ni víveres y acosados por la aviación y la artillería enemiga. Sin rutas de escape, Girón falló por la ineptitud de la CIA, la falta de coraje del Presidente Kennedy, y la mala planificación logística. Este fracaso ayudó a Castro para afianzarse en el poder.


En las Sierras de Las Villas, los alzados sentían una inmensa frustación. Ni las guerrillas, ni la poderosa fuerza del clandestinaje que abarcaba toda la Isla, fueron activados para apoyar la invasión. Los factores más poderosos de la oposición interna en Cuba fueron ignorados por la CIA, unos por mala planificación y otros por ser demasiado independientes y difíciles de controlar. El plan original de la invasión que había sido concebido bajo la administración de Eisenhower, no era originalmente un plan invasor, sino, equipos de infiltración, utilizados para reforzar y suministrar a las fuerzas guerrilleras. Irónicamente, los alzados nunca fueron avisados de la inminente invasión.


Osvaldo Ramírez trató de reorganizar a las guerrillas del Escambray. El 15 y 16 de julio de 1961, en el Cicatero, en lo profundo del Escambray, se celebró una reunión de jefes guerrilleros a la que asistieron los principales líderes de la insurrección.


Osvaldo Ramírez se encontraba allí, con su sombrero Stetson y su arma favorita, una carabina MI. También estaba presente Tomasito San Gil, un muchacho de 22 años de edad, nacido en la finca Ciego Ponciano en las inmediaciones de Sancti Spíritus, que llevaba diez meses de combates y había probado ser un líder natural y un gran estratega, nacido para el combate. Congo Pacheco, otro de los presentes, era veterano guerrillero de la lucha contra Batista. Julio Emilio Carretero, con barba tupida, había sido sargento de la policía en Topes de Collantes. Benjamín y Blas Tardío, eran dos humildes campesinos que habían sido de los primeros en alzarse en el Escambray. Rigoberto Tartabull, era un mulato que provenía de una familia dividida, ya que sus hermanos eran milicianos. Maro Borges, un muchacho de apenas 20 años, ya dirigía una guerrilla de hombres mayores que él. Pedro González, un guerrillero agresivo, que había burlado los cercos de la limpia, escondiéndose en un cayo al sur de Trinidad, desde donde había regresado para continuar la lucha. Cheíto León era un muchacho trinitario, afable, que de camionero y miliciano, se había convertido en jefe de guerrillas. Porfirio Guillén, con su carabina San Cristóbal, era ya veterano de muchos cercos evadidos.


El Ejército de Liberación Nacional, que así se denominó el movimiento unido de los alzados, ratificó la dirigencia total del mando guerrillero, bajo las órdenes del Comandante en Jefe, Osvaldo Ramírez. Osvaldo, al ser proclamado jefe máximo del Escambray, aceptó con unas frases escuetas: -Les prometo,- dijo Ramírez a los guerrilleros reunidos en el Cicatero, -que lucharé contra el comunismo hasta que Cuba sea libre o yo muera en combate. Para mí no habrá exilio.- El ELN, independiente de otros movimientos amparados por la CIA, comenzó a desarrollar un sistema de suministros internos, que incluso llegó a contactar a grupos guerrilleros activos en otras provincias. El FURE (Frente Unido Revolucionario del Escambray), fue vertebrado en 1961, manteniéndose vigente hasta 1965.


En la reunión del Cicatero se hicieron promociones, se asignaron labores, y se dividieron suministros, discutiéndose la posibilidad de establecer contactos con otros grupos guerrilleros, activos en el norte y sur de la provincia. Sólo unos meses después de la Primera Limpia, el Escambray estaba en pie de guerra de nuevo.


El Comandante Osvaldo Ramírez, el único guerrillero, al que el dictador Castro le había ofrecido amnistía, se mantenía aún peleando .en la Sierra del Escambray, convocando al pueblo de Cuba a la guerra de liberación.



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Mar112008

2 LIMPIA
Escambray: La Guerra Olvidada

Un Libro Historico De Los Combatientes Anticastristas En Cuba (1960-1966)

Enrique G. Encinosa

VII

LA SEGUNDA LIMPIA DEL ESCAMBRAY

En los meses que siguieron a la reunión del Cicatero, los grupos de alzados crecieron y se multiplicaron. La provincia entera estaba en guerra. Se creó el Frente Sur del Llano, capitaneado por Carlos González Garnica, un ex-soldado del Ejército Rebelde, que se había alzado con un grupo de insurgentes. En el norte de Las Villas, Margarito Lanza Flores, conocido por Tondike, dirigía uno de los focos guerrilleros más activos en toda la Isla. En el norte de Las Villas habían varios focos guerrilleros muy activos. De Sagua La Grande a Corralillo, además de Tondike, habían grupos de alzados dirigidos por Benito Campos Campitos, su hijo, José Martí Campos, y un guajiro corpulento, llamado Agapito Guapo Rivera. En la zona de Sagua La Grande a Camagüey, se movían las guerrillas de Amoldo Martínez Andrade y Adalberto Méndez Esquijarrosa, conocido por El Quia.

En el Escambray, el Comandante Osvaldo Ramírez estaba tratando de vertebrar una extensa red de suministros, reclutando a simpatizantes de la zona. En Fomento, Trinidad, Sancti Spíritus, Manicaragua, Cienfuegos, Santa Clara y una docena más de pueblos villareños, se vertebró una poderosa organización clandestina, con la misión de apertrechar a los combatientes de los montes. Con los nexos rotos con la CIA, sin tener confianza en las promesas de los yanquis, Ramírez se preparó para librar una guerra de liberación, sin ayuda exterior.

La labor titánica de mantener a un ejército guerrillero, comenzó de nuevo. Los suministros eran pasados de mano en mano. Un par de botas por aquí, una hamaca por allá, una caja de balas o una metralleta robada, un revólver regalado por un colaborador, medicinas donadas por un farmacéutico, latas de comida regaladas por un bodeguero, suministros recogidos en pueblos y ciudades, eran transportados a las fincas en El Escambray, donde eran recogidas por los combatientes. De esta manera, con el apoyo de centenares de campesinos y obreros en la provincia, los alzados comenzaron a abastecerse.

Ramírez dedicó parte de su tiempo a establecer una línea de prácticos, para poder mover sus guerrillas de zona en zona, burlándose de las patrullas del ejército. Los prácticos, eran hombres, mujeres y niños de la región, algunos trabajaban de día como monteros, en las fincas y por la noche servían de guías para los grupos de alzados. Los prácticos_ se conocían trillos, atajos y caminos que no aparecían en los mapas. Una guerrilla perseguida por el ejército castrista se podía mover de región en región a toda velocidad, cambiando constantemente de prácticos, mientras las milicias cerraban cercos sobre campos vacíos.

El ejército castrista, contaba con sus propios prácticos, a los cuales se les llamaba guajimapas. Entre los guajimapas del ejército castrista habían varios que, en realidad trabajaban para las guerrillas, guiando a las milicias en búsquedas inútiles, que duraban semanas. Uno de los más conocidos fue el Capitán Bombino, un recio guajiro. que en muchas ocasiones se apareció en el campamento de Osvaldo Ramírez, para avisarle a los alzados, de peines que se avecinaban en la zona. Bombino, a riesgo de ser baleado por un francotirador guerrillero, o descubierto como doble agente por los castristas, arriesgó su pellejo por muchos meses guiando al ejército en cacerías inútiles.

Otro gran colaborador de los alzados fue Juan Francisco Rodríguez, un experto tirador y jinete, capitán de milicias, el cual, al ser descubierto, escapó en su caballo, en una fuga espectacular. Perseguido por jeeps llenos de milicianos armados, Rodríguez mató a uno de un certero balazo en la frente, evadiendo su captura al lanzarse al trote por una peligrosa cañada.

Con el fortalecimiento de las guerrillas, los alzados comenzaron nuevamente a golpear las tropas castristas. A forales de octubre de 1961, una guerrilla dirigida por Vale Montenegro y Miner de la Torre, atacó El Pajarito, un cuartel de milicias y centro de acopio regional del gobierno. Los guerrilleros del Frente Sur del Llano, capturaron varias armas largas y prendieron candela a cinco naves, donde se almacenaban productos de abastecimiento. En la zona de Cienfuegos, hubo incendios de sembradíos en las cooperativas estatales. En la carretera a Zulueta (al norte de la Provincia), un autobús fue desalojado de pasajeros e incendiado por las guerrillas. En las cercanías de Cumanayagua, los hombres de Rigoberto Tarta bull, emboscaron a un jeep. Siete milicianos fueron muertos en este combate. El cuartel de milicias de Diana fue asultado por los alzados. En diferentes lugares de la Provincia, varias fincas de simpatizantes e informantes del régimen fueron quemadas. En las carreteras de Fomento a Baez, y en las cercanías de Manicaragua, camiones del ejército fueron ametrallados. En el Escambray, un grupo de alzados dieron muerte al brigadista-alfabetizador Pedro Ascunce Domenech y a un colaborador castrista llamado Pedro Lantigua.

Los asesinatos de Domenech y Lantigua no tenían justificación política, pues aunque ambos eran castristas, estaban desarmados, y Domenech era menor de edad. Entre los jefes guerrilleros hubo un repudio hacia este acto irresponsable. El régimen castrista utilizaba estos accidentes, muy poco frecuentes en la guerrilla, para representar a los alzados como criminales y ladrones. Osvaldo Ramírez, consciente de que la muerte de Conrado Benítez había sido contraproducente para la causa anti-castrista (aunque Benítez había sido informante del régimen), dió la orden, de que las guerrillas no podían ajusticiar a colaboradores comunistas, sólo estaban permitidos estas muertes, si se podían documentar crímenes, perpetuados por estos individuos contra los alzados. Aunque el asesinato de Domenech recibió mucha publicidad por parte del régimen, también es cierto que el gobierno de Castro, en la búsqueda de mártires, irresponsablemente, envió a centenares de brigadistas-alfabetizadores a zonas de combate, instándolos a que sirvieran de delatores. Al régimen castrisca le convenía los mártires, y trató de crearlos, enviando a imberbes jóvenes alfabetizadores a zonas de combate. Los pocos crímenes aislados cometidos por grupos guerrilleros, no se comparan, es más, son pálidos, ante los centenares de crímenes, torturas, y fusilamientos, perpetrados por los milicianos en la Sierra y por oficiales de Seguridad del Estado en los diferentes centros de interrogación de la Provincia.

La Ley 988, fue decretada por el régimen castrista con el propósito de justificar los crímenes cometidos contra los alzados y colaboradores en Las Villas. Esta ley permitía la confiscación de propiedades privadas de insurgentes, y los fusilamientos de jefes guerrilleros y alzados que fueran encontrados culpables de cometer crímenes con tra los poderes del Estado.

En reacción a la creciente ola de sabotajes y emboscadas perpetradas por las guerrillas, el régimen decidió llevar a cabo la Segunda Limpia del Escambray.
Comenzaron a llegar nuevamente. Camiones y autobuses cargados de tropas. Jeeps equipados con ametralladoras de grueso calibre. Carros blindados para patrullas de carreteras. Más de setenta mil milicianos de las otras cinco provincias llegaron a Las Villas para participar en las operaciones militares. De acuerdo al propio Carlos Franqui, en su libro Retrato de Familia, un general del ejército soviético sirvió de consejero militar en las operaciones que se llevaron a cabo contra las guerrillas.

Y comenzaron los combates. Violentos encuentros en Veguitas, Matas de Café, El Potrero de Guinia, Guanayara, El Dátil, La Botella, Yaraguza y otros muchos lugares. En las cercanías de Zulueta, murió el jefe guerrillero Domingo Melena. En otro cerco, falleció Rafael García Catalá, otro lider de los alzados.

Pero los hombres del Escambray eran hombres muy duros. Cuando Julio Emilio Carretero fue herido de un balazo en el pecho, Tomasito San Gil lo ayudó a escapar del cerco. Perseguidos por centenares de milicianos, ambos hombres se escondieron en un espinoso aromal. Pasaron días escondidos, y los gusanos infestaron la herida de Carretero. Arriesgándose a ser emboscado, San Gil le pidió ayuda a un guajiro. El campesino les proporcionó agua y comida, pero la única medicina con que contaba era creolina, que se utilizaba en el campo para curar caballos. San Gil, con la rama de una aroma, le quitó los gusanos de la herida a Carretero, pinchándolos con las espinas de la rama. Después, con sus manos, Tomasito derramó la creolina, en la pestilente herida de Carretero. La cura campesina fue muy efectiva y unas semanas después ambos guerrilleros estaban activos nuevamente, emboscando patrullas de la milicia y peleando duro por la libertad de Cuba.

Un jefe guerrillero que murió en combate en esta etapa, fue Manolito Rodríguez, un temerario combatiente de 25 años de edad, conocido por El Habanero. Era hijo de una familia acomodada, El Habanero, dejó un buen trabajo en la Compañía de la Electricidad y a una esposa a punto de darle una hija, para alzarse en los montes de Las Villas. En breve tiempo, llegó a ser capitán- de una guerrilla, estableciendo la reputación de ser un hombre sin miedo, dispuesto a todo. al encontrarse rodeado por el ejército, se batió fieramente, cuando una bala de grueso calibre le destrozó el hombro izquierdo, pero, El Habanero cubrió la retirada de sus hombres, disparando la Thompson con una mano, y la culata apretada contra sus axilas. Cuando las balas se le acabaron, logró matar a un soldado a culatazos, antes de ser rematado, por las tropas enemigas. Manolito Rodriguez, El Habanero murió sin conocer a su hija recién nacida.

En febrero de 1962, la guerrilla de Juan Felipe Castro, conocido como Sancti Spirítus, tendió una emboscada a tropas del gobierno, en la región del Hanabanilla. En un violento combate, los hombres del Frente Sur del Llano, dispararon a quemarropa sobre las fuerzas castristas, causándole a la milicia dos docenas de bajas, entre muertos y heridos.

La Segunda Limpia continuó. Camiones de milicianos heridos. llegaban a los hospitales de Santa Clara y Cienfuegos. El Condado, en el término municipal de Trinidad, era el centro de detención de Seguridad del Estado (G2) y se encontraba abarrotado de campesinos detenidos por las tropas castristas. Casi todas las noches había fusilamientos de guerrilleros capturados o colaboradores en las líneas de suministros. Es imposible saber con exactitud, cuántos patriotas cubanos fueron fusilados en El Condado de 1960 a 1966, pero indiscutiblemente, fueron varios centenares. Los cadáveres ametrallados, eran enterrados en fosas comunes, rara vez eran entregados a sus familiares inmediatos.

Al igual que en la limpia anterior, las tropas castristas continuaron la relocalización de centenares de familias campesinas, todas aquellas que tuvieran familiares guerrilleros, o que consideraban que pudieran estar vinculadas a las líneas de colaboración. Pero a pesar de las relocalizaciones, de los centenares de arrestos, de que se sellaron las carreteras, y se peinaran los montes, los fusilamientos de los alzados y de contar con la extraordinaria ventaja de una superiodad númerica cien veces mayor a la del número de alzados; la Segunda Limpia tampoco pudo erradicar el movimiento guerrillero del Escambray. Docenas de grupos sobrevivieron a la limpia.

Frustrados ante la impotencia de no poder eliminar a las guerrillas con movimientos masivos de tropas, el régimen castrista decidió crear unidades especiales de contra-guerrillas, a las que denominó Lucha Contra Bandidos (LCB).
 


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